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1831,
noviembre - Al Hno, BARTHÉLEMY, Saint-Symphorien dOzon, Isère. |
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Para concederle la autorización que ha debido pedir en su carta y animarlo a hacer
frente a las dificultades con la ayuda de María. |
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¡Que Jesús y María estén siempre con usted! |
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V. J. M. |
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Le autorizo, muy querido amigo, a recibir la sagrada comunión los domingos y los
jueves, como indica su reglamento, y los martes, como usted me pide, pero este permiso
sólo durará tres meses. Se lo concedo también al Hno. Isidore, pero sólo
un martes al mes, el primero. |
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Le prometo que en el primer viaje que haga a Lyon iré a verlos. Ánimo,
amigo mío, basta con que tenga la voluntad de enseñar a un gran número de niños en
compañía de su valiente colaborador. Aunque no tuviera ninguno, su
recompensa sería la misma. No se inquiete por el escaso número de los que
ahora tiene. Dios tiene en sus manos los corazones de todos los hombres y los
enviará numerosos cuando lo crea oportuno, basta no oponerse con su
infidelidad. Está usted donde Dios quiere que esté, pues está donde los
superiores han decidido. No dudo de que el Señor se lo recompensará con
abundancia de gracias. |
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Diga siempre a sus niños que son amigos de los santos del cielo, de la Santísima
Virgen y, en especial, de Jesús; que él desea sus tiernos corazones, que está celoso y
que siente una gran pena si ve al demonio apoderarse de ellos; que estaría dispuesto, si
fuera necesario, a morir de nuevo en la cruz en St-Symphorien mismo; ¡pobres
niños! Dígales que Dios los ama y que yo también los quiero, ya que Jesús,
la Santísima Virgen y los Santos los aman tanto. Dígales también: «¿Saben
por qué Dios los ama tanto?, porque son el precio de su sangre y porque pueden llegar a
ser grandes santos, sin demasiado esfuerzo, si lo quieren de verdad. El buen
Jesús promete llevarlos sobre sus hombros para ahorrarles el trabajo de
andar. ¡Qué desgracia es, hijos míos, que no lo conozcamos bien, sobre todo
aquellos de entre ustedes que aprenden el catecismo con tanta desgana!» |
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Haga con los pocos niños que tiene una novena sencilla en honor de la Santísima
Virgen: cinco Pater y... En el Hermitage empezaremos hoy otra (2) por la
misma intención, o sea por el éxito de todas las escuelas de la
Sociedad. Escriba en los libros de sus niños: María, sin pecado concebida. |
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Un abrazo en los Sagrados Corazones de Jesús y de María donde los dejo.
Mis saludos para el Sr. Párroco y su Vicario. |
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Champagnat, sup.
Notre-Dame de lHermitage, 1 de noviembre de 1831. |
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| Notas a la
Carta 24. |
| (2) La amenaza de una escuela
abierta por el Sr. Françon provoca entre los Hermanos el temor de quedarse sin alumnos. |
| Aunque su instrucción dejaba mucho que desear, ayudado por el Sr. Alcalde Farge,
íntimo amigo suyo, y por otras personas que le favorecieron; abrió una escuela en su
propia casa que estaba muy céntrica y le hizo una competencia muy fuerte a la escuela de
los Hermanos. |
| Los medios que empleó desde sus comienzos fueron: entregarse intensamente al estudio,
pedir y hacer pedir a los padres el poder dar muchas horas de clase a sus alumnos,
prolongar el horario escolar, dar muy pocas vacaciones. Los jueves, e incluso los domingos
y fiestas de guardar, eran para él días de estudio y de clase, nada de descanso. Lo que
para los demás hubiera sido motivo de fracaso lo fue para él de éxito. Mientras los
Hermanos hacían el retiro y tenían un mes de descanso o se ausentaban, el pedagogo
atraía hacia su escuela a los alumnos de los Hermanos y destruía la fama que éstos se
habían ganado. |
| Según escribe el Hermano Aubin, Director de la escuela de
St-Symphorien dOzon,
«La escuela de las Religiosas Ursulinas no salió mejor librada que la de los Hermanos.
Este célebre magister, preparó en su propia casa un local para acoger a las
chicas, a las que su esposa daba clase. A partir de ese momento, los dos se entregaron
encarnizadamente a destruir las escuelas religiosas y a crearse un grupo de adictos. Sus
esfuerzos y sus maquinaciones les proporcionaron grandes éxitos. Además de la escuela
mixta de día, organizó otra nocturna para adultos de ambos sexos. Añadamos a todo esto
que recibía también internos de las localidades vecinas, no muchos ciertamente, pero
siempre demasiados para que se soportara que los dos sexos estuvieran juntos y durmieran
en el mismo local. Vista la ley de enseñanza y la situación de esta escuela, no se
podía tolerar tal estado de cosas, contrario a la moral, a la disciplina, a la higiene y
hasta a las conveniencias sociales. Pues bien, nadie se atrevió a protestar, ni a
oponerse, ni siquiera los cinco párrocos que se sucedieron en un lapso de trece años.» |
| Los Hermanos, a pesar de ser testigos de esta situación, no podían hacer ni decir
nada, pues se habría dicho que lo hacían por envidia y, además, no les hubieran
creído; sólo podían gemir y callarse. |
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