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Consejo Escolar

ADMISIÓN de CANDIDATURAS para PADRES

Plazo: del 4 a 18 de octubre (ambos inclusive)

Observaciones: Las candidaturas se presentarán en el centro docente correspondiente coincidiendo con el horario escolar, dirigiendo un escrito a la persona titular de la Dirección del mismo.

Las mejores frases de Marcelino Champagnat sobre…

… los niños y los jóvenes  

Si tenéis la dicha de grabar en el corazón de los niños y de los jóvenes el amor y la confianza en la virgen María, habéis asegurado su salvación.   

Enseñar a un niño una lección del catecismo, una oración como el padrenuestro o el avemaría, es una acción mucho mayor y más meritoria a los ojos de Dios que ganar una batalla.   

No puedo ver a un niño o a un joven sin sentir profundas ganas de gritarle lo hermoso que es vivir y el gran amor que el Padre Dios nos tiene.   

He ahí un corazón creado a imagen de Dios, salvado con la sangre de Jesús y destinado a ser inmensamente feliz; sin embargo, tal vez ese niño ignore esas verdades y nadie se preocupe de enseñárselas.


… los más necesitados   Nos comprometemos a instruir gratuitamente a todos los niños pobres que nos presente el señor párroco.   Dios nos envía a esos niños y nos concede la gracia de acogerlos; ya nos enviará con qué alimentarlos.   La roca que ha de servir de fundamento a una congregación es la pobreza y las contradicciones.  Ahora bien, a Dios gracias, tenemos abundancia de ambas cosas; todo lo cual me da pie para creer que edificarnos con solidez y que Dios nos ha de bendecir.   El niño pobre ha de ocupar un puesto en la escuela, no según su condición y fortuna, sino según su capacidad.  Ha de poder, si sus actitudes se lo permiten, seguir todos los grados, competir con el rico, ocupar un puesto a su lado y aun sobrepasarle.


… la educación   La buena educación de los niños pide que se les ame, y se les ame a todos por igual.  Ahora bien, esto supone la entrega absoluta a su formación y el uso de cuantos medios pueda sugerir un entusiasmo habilidoso para infundirles la piedad y la virtud.   La educación es para el niño lo que el cultivo para el campo.  Por muy bueno que éste sea, si se deja de arar, no produce más que zarzas y malas hierbas.   El espíritu de una escuela marista es el espíritu de familia.   El carácter más apropiado para educar humana y cristianamente a los niños y jóvenes es el que reúne la jovialidad, la afabilidad y la constancia que sólo se hallan en un corazón humilde y bondadoso.


… María   La devoción a María gusta de difundirse y quien no intenta comunicarla y tiene poco entusiasmo por extender y propagar el culto de la Virgen, demuestra que carece de tan preciosa devoción.   María no se queda con nada: cuando la servimos, cuando nos consagramos a ella, nos recibe para entregarnos a Jesús y llenarnos de Jesús.  Ya sabéis a quién hemos de pedir esas gracias, a nuestro Recurso Ordinario.  No temamos acudir a ella demasiado a menudo, pues su bondad y poder no tienen límites, y el tesoro de sus regalos es inagotable.   Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús.


… el amor a Jesús   Ver ofender a Dios, y ver que los hombres pierden su esperanza y su amor, son para mí dos cosas insoportables y que me parten el corazón.   Dar a conocer a Jesucristo y hacerle amar es el fin de vuestra vocación y el por qué de nuestro instituto.   Pido también a Dios y deseo con toda mi alma que siempre os sintáis en presencia de Dios, porque esto anima la oración y hace crecer todas las virtudes.   No lo olvidemos: con Jesús lo tenemos todo, y sin Jesús no tenemos nada.


… los Maristas   Ojalá se pueda decir de los hermanos maristas como de los primeros cristianos: “Mirad cómo se aman”.   Si supiéramos lo mucho que Jesucristo ama a los niños y jóvenes y el ansia con que desea su alegría y su búsqueda del amor que él les tiene, en lugar de considerar penosa la enseñanza y de quejamos de lo que nos cuesta, estaríamos dispuestos a sacrificar la vida en este esfuerzo.   ¡Cuántas cosas haría usted si tuviese algunos cientos de miles de francos!, le dijo un día un amigo al ver cómo progresaba el instituto.  Y Marcelino respondió: Si Dios nos envía cincuenta buenos hermanos, las haría mayores y mejores; lo que nos falta no es dinero, sino buenos hermanos.  Una comunidad es suficientemente rica cuando sus miembros son buenos, y eso es lo que pido a Dios todos los días.   Es costoso vivir como buen religioso, pero la gracia y el amor de Dios lo pueden todo y lo llenan todo de gran felicidad.  Qué consuelo y qué paz da morir en brazos de María y en su familia.

… los niños y los jóvenes   Si tenéis la dicha de grabar en el corazón de los niños y de los jóvenes el amor y la confianza en la virgen María, habéis asegurado su salvación.    Enseñar a un niño una lección del catecismo, una oración como el padrenuestro o el avemaría, es una acción mucho mayor y más meritoria a los ojos de Dios que ganar una batalla.    No puedo ver a un niño o a un joven sin sentir profundas ganas de gritarle lo hermoso que es vivir y el gran amor que el Padre Dios nos tiene.    He ahí un corazón creado a imagen de Dios, salvado con la sangre de Jesús y destinado a ser inmensamente feliz; sin embargo, tal vez ese niño ignore esas verdades y nadie se preocupe de enseñárselas.


… los más necesitados   Nos comprometemos a instruir gratuitamente a todos los niños pobres que nos presente el señor párroco.   Dios nos envía a esos niños y nos concede la gracia de acogerlos; ya nos enviará con qué alimentarlos.   La roca que ha de servir de fundamento a una congregación es la pobreza y las contradicciones.  Ahora bien, a Dios gracias, tenemos abundancia de ambas cosas; todo lo cual me da pie para creer que edificarnos con solidez y que Dios nos ha de bendecir.   El niño pobre ha de ocupar un puesto en la escuela, no según su condición y fortuna, sino según su capacidad.  Ha de poder, si sus actitudes se lo permiten, seguir todos los grados, competir con el rico, ocupar un puesto a su lado y aun sobrepasarle.


… la educación   La buena educación de los niños pide que se les ame, y se les ame a todos por igual.  Ahora bien, esto supone la entrega absoluta a su formación y el uso de cuantos medios pueda sugerir un entusiasmo habilidoso para infundirles la piedad y la virtud.   La educación es para el niño lo que el cultivo para el campo.  Por muy bueno que éste sea, si se deja de arar, no produce más que zarzas y malas hierbas.   El espíritu de una escuela marista es el espíritu de familia.   El carácter más apropiado para educar humana y cristianamente a los niños y jóvenes es el que reúne la jovialidad, la afabilidad y la constancia que sólo se hallan en un corazón humilde y bondadoso.


… María   La devoción a María gusta de difundirse y quien no intenta comunicarla y tiene poco entusiasmo por extender y propagar el culto de la Virgen, demuestra que carece de tan preciosa devoción.   María no se queda con nada: cuando la servimos, cuando nos consagramos a ella, nos recibe para entregarnos a Jesús y llenarnos de Jesús.  Ya sabéis a quién hemos de pedir esas gracias, a nuestro Recurso Ordinario.  No temamos acudir a ella demasiado a menudo, pues su bondad y poder no tienen límites, y el tesoro de sus regalos es inagotable.   Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús.


… el amor a Jesús   Ver ofender a Dios, y ver que los hombres pierden su esperanza y su amor, son para mí dos cosas insoportables y que me parten el corazón.   Dar a conocer a Jesucristo y hacerle amar es el fin de vuestra vocación y el por qué de nuestro instituto.   Pido también a Dios y deseo con toda mi alma que siempre os sintáis en presencia de Dios, porque esto anima la oración y hace crecer todas las virtudes.   No lo olvidemos: con Jesús lo tenemos todo, y sin Jesús no tenemos nada.


… los Maristas   Ojalá se pueda decir de los hermanos maristas como de los primeros cristianos: “Mirad cómo se aman”.   Si supiéramos lo mucho que Jesucristo ama a los niños y jóvenes y el ansia con que desea su alegría y su búsqueda del amor que él les tiene, en lugar de considerar penosa la enseñanza y de quejamos de lo que nos cuesta, estaríamos dispuestos a sacrificar la vida en este esfuerzo.   ¡Cuántas cosas haría usted si tuviese algunos cientos de miles de francos!, le dijo un día un amigo al ver cómo progresaba el instituto.  Y Marcelino respondió: Si Dios nos envía cincuenta buenos hermanos, las haría mayores y mejores; lo que nos falta no es dinero, sino buenos hermanos.  Una comunidad es suficientemente rica cuando sus miembros son buenos, y eso es lo que pido a Dios todos los días.   Es costoso vivir como buen religioso, pero la gracia y el amor de Dios lo pueden todo y lo llenan todo de gran felicidad.  Qué consuelo y qué paz da morir en brazos de María y en su familia.

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